18/03/2008

Beauvalais, The Story

Fuente de este articulo: www.beatrizferrersalat.com, su web oficial.








Beauvalauis es único. A sus 21 años, sigue trabajando a diario con la misma energía que cuando lo compré.
Julio de 1999. Estaba yo en Alemania entrenando para el campeonato de Europa cundo mi amigo Frank Lamontagne me llamó para decirme que sabía de un buen caballo de Gran Premio. Me dijo que yo ya lo conocía, se trataba de Beauvalais. Yo no estaba buscando, pero me picó la curiosidad y fuimos a verlo.
Al llegar a las cuadras de Dirk Haese en Warendorf y lo ví, la verdad es que me costó disimular mi decepción. Era bastante pequeño, y allí atado a dos vientos, no parecía nada especial. Yo lo había visto de potro con Heike Kemmer y me había encantado. Ahora tenía 12 años.
Ya que estaba allí, decidí montarme. A los primeros trancos de trote ya sentí que aquello era otra dimensión. Parecía volar por la pista. ¿Qué poderío, que movimientos y que ganas de trabajar! Todos los aires eran espectaculares. Nos entendimos desde el principio. Yo creo que ese mismo día empezó nuestra historia de amor. Volví a montarlo cuatro veces más, con y sin mi entrenador Jan Bemelmans. Siempre se tiene dudas a la hora de comprar un caballo. Finalmente decidí quedarme con él.

Encantada con mi Beauvalais, en septiembre fuimos a competir a Saumur. Fue donde me empezaron a llegar comentarios de que el caballo era muy difícil, que no conseguiría nada con él, que la ultima vez que lo habían visto tiró a su jinete George de la Rocha a las gradas. Buenas perspectivas.
Pero mi sentimiento era otro, yo confiaba en él, y siempre contestaba:”Bueno, ya veremos,” ....
En mi primer concurso con Beauvalais saqué 64% y fallé los cambios a uno. Preferimos no correr el Gran Premio Especial, entrenando no hubo manera de conseguir hacerlos.
Volvimos a España.
Durante los dos años siguientes, hice bastantes concursos con él, lo fui conociendo y entendí que con un genio así no podía pretender controlarlo en todo momento. Me pareció mejor intentar guiar su arte por la pista, simplemente dejar que se expresase como el artista que era.
En casi todos los concursos, al dar la vuelta alrededor del cuadrilongo, se solía asustar y daba unas medias vueltas rapidísimas. Era señal de que la prueba iba a ser muy buena.

En los JJOO de Sydney, quedamos 5os por equipos y conseguí llegar a la final y quedar 10ª. No está nada mal, pensaba yo. Los tres días de competición tuve que entrar en la pista marcha atrás. Porque había unas cámara de televisión que no le gustaron y fue imposible pasar de cara a ellas. ¡Así era Beauvalais!.

En el 2001, hice la Ruta del Sol en las magnificas instalaciones de la Dehesa de Montenmedio, en Vejar de la Frontera. Este circuito es un buen entrenamiento que sirve para pistear a los caballos.
Después fui a Alemania a preparar el CDIO de Aquisgran, en el Gran Premio noté a Beau como siempre, y al dia siguiente vimos que tenía una pequeña lesión en un tendón de un posterior. Lo tratamos en una clínica allí cerca, y también lo vino a ver mi osteópata Jean-Yves Girard. Al cabo de un mes y medio parecía que se había recuperado para correr el Cto de Europa, pero la última palabra siempre la tiene Jean-Yves. Trabajo con él desde 1998, y para mí su opinión es sagrada. Vino a ver el caballo, y aunque estuvo de acuerdo en que había mejorado muchísimo, consideraba que no apoyaba la pata exactamente como siempre. “Le falta un 5%, claro que podrías ir a Verden, pero no lo tendrás al 100%.” Y decidí que prefería esperar.
Ese campeonato lo hice con Brillant, y me alegro mucho de mi decisión, porque el tiempo me ha demostrado que no hay que arriesgar nada en lo que a la salud del caballo se refiere. Para competir al más alto nivel y para rendir, el caballo ha de estar al 100 %.
Y esto me ha permitido después tener grandes resultados.
Corrí la Copa del Mundo en la temporada 2001/2002. Fue realmente el punto de inflexión de nuestra carrera.
Recuerdo perfectamente el CDI-W de Ámsterdam. Hice un Gran Premio con algunos fallos, saqué 67%. Jan me comentó todos los errores que había cometido, pero al ver el video (siempre me grabo con mi cámara, me sirve muchísimo para hacer autocrítica) me di cuenta de que, al margen de los fallos, estaba montando muy “brav”, muy formal, sin correr riesgos. Comprendí que tenía que ir a por todas, arriesgar a tope si quería rivalizar con alemanes y holandeses. Sobre todo con el caballo que tenía. Y así me puse a competir.
En la Kür del dia siguiente ya escale 5 puestos, quedando 5ª.
Mi siguiente concurso fue el CDI-W de Mechelem (Malinas, Bélgica). Quedé 2ª en el Gran Premio y ... –no me lodía creer- gané la Kür. ¿¿¿Mi primera prueba de la Copa del Mundo!!! Que ilusión me hizo.
Después gané en París y en San Patrignano (Italia). Tres pruebas de la Copa del Mundo seguidas. Esto demuestra la psicológica que es la competición. El campeón se diferencia del buen deportista por su fuerza mental.
Quedé ganadora de la liga europea occidental, y en la final en S’Hertogenbosch quedé 3ª, detrás de Ulla Salzgeber y Lars Petersen.
En el CDIO de Aachen, considerado el mayor concurso del año, quedé 3ª en la clasificación final y gané un Van. “Caray”, pensaba yo, “No vamos mal”
Con esta perspectiva nos fuimos a los Juegos Ecuestres Mundiales (WEG, World Equestrian Games) de Jerez 2002.
Fueron numerosas las aventuras (más bien Desventuras). Dos semanas antes, Beau llegó a Montenmedio –el trayecto desde Alemania es de 3000 KM- con una congestión de pulmón que lo tuvo trabajando suave casi 10 días. La mañana que partíamos hacia el estadio de Chapin, se cortó un ollar y hubo que coserlo sin anestesia por el riesgo del doping.
En Chapin entrenó de ábula. El día del Gran Premio lo trabajé en poco por la mañana, y me monté como siempre una hora antes de la prueba para calentar con calma.
Beauvalais es extremadamente sensible, es un caballo muy caliente y le afecta mucho la tensión del ambiente. Es estadio estaba a rebosar y la gente animada y bastante excitada.
Beau se alteró como nunca y me fue totalmente imposible practicar los ejercicios. Se paraba, se giraba, jamás lo había visto así. Las caras de Jan mi entrenador, de Rosín la jefe de equipo, de mis compañeros. Adiós a los sueños de conseguir algo grande.
Pasé a la pista de los 10 minutos, y tampoco pude hacer nada. Y llegó la hora de entrar en pista. “Beau”, le dije, “no pasa nada. Lo vamos a hacer lo mejor posible. Se que puedes”, y borré de mi mente el horror del calentamiento. Dimos la vuelta alrededor del cuadrilongo con gran dignidad, y entramos.
Estoy realmente orgullosa del gran premio que hicimos dadas las circunstancias. Hubo algún fallito, pero acabé en 4º lugar con 74%, mi mejor puntuación en gran premio hasta ese momento. Cuando vimos que habíamos sacado medalla de bronce por equipos, nuestra primera medalla, y nos dirigiamos hacia el podio, no pude contener mi emoción. Se me escapó alguna lágrima, pero ya de camino hacia la rueda de prensa, no podía parar de llorar.

Pasaban por mi cabeza todos los sacrificios, todos los años en Alemania entrenando, lejos de mi familia, de mis amigos, de mi adorada Barcelona, del sol de España. Y fue cuando comprendí que sí había valido la pena. No existe sentimiento comparable al de ganar una medalla, al de conseguir algo que te ha costado mucho esfuerzo.
Al dia siguiente era el gran premio especial, segunda prueba puntuable para la clasificación individual. Me encontraba fatal, me pasé la mañana yendo al baño, con el estómago destrozado. No tenía fuerza alguna. Me tumbé en una bala de paja al lado de Beauvalais hasta la hora de competir. Al poner la cabezada. Le dije: “Hoy me tendrás que ayudar tú”.
El calentamiento fue bien, sin problemas, hasta el momento de entrar en la pista de los últimos diez minutos. Había un tractor aparcado en un lado de la pista que no le gustó nada, y empezó a irse para atrás una y otra vez. Avanzaba un poco y de nuevo se iba para atrás. Me enfadé tanto que entramos en la pista de competición volando. “¿Ahora verás!”, pensaba yo. Y nuestra brillante actuación sin fallos nos valió ...!!! el primer puesto!!! Una española ganaba la segunda prueba del Campeonato del Mundo. Fue realmente increíble. Pasé a ocupar la segunda plaza de la clasificación.
Ultimo día: La Kür. Salíamos en orden inverso de la clasificación provisional, o sea que yo era penúltima. Si después de mi actuación iba primera, sabía que quedaría como mínimo y probablemente subcampeona del mundo. Y así fue. Hice una bonita kur, bailamos la música con ritmo, y el público respondió emocionado.
Gané mi segunda medalla, esta vez de plata. Se la dediqué a mi padre, que no pudo estar presente pero que seguro me aplaudía desde el cielo.
Beauvalais estaba encantado. Sabe perfectamente que es una estrella. Si puedes hacer que tu caballo trabaje contigo, si eres capaz de crear armonía y compenetración, tu caballo te lo dará todo.

A la vuelta, la prensa se monstró muy interesada y ya no paraba de conceder entrevistas. Fue el descubrimiento de la doma clásica. Periódicos y revistas explicaban con detalle en qué consistía la doma, los ejercicios de las reprises y hasta hicieron dibujos de un cuadrilongo. Fantástico par un deporte tan desconocido.

En el 2003 hubo campeonato de Europa en Hickstead, Inglaterra. Beauvalais estuvo excitadísimo todos los días de competición. Especialmente complicado de montar, no me lo puso fácil. De nuevo, la tensión del ambiente y la proximidad de las gradas le afectaron mucho. Pero conseguimos medalla de platas por equipos y bronce individual.

Y con el 2004 se iniciaba el año olímpico. Tras un buen comienzo de temporada, en abril decidí irme ya a Alemania para preparar los juegos en las mejores condiciones posibles. Vinieron unos periodistas franceses a hacerme una entrevista, y cuando me hacían las fotos mientras entrenaba, me di cuenta de que algo le pasaba a Buby. Lo comente con Jan, y efectivamente vimos que los alargamientos no eran perfectamente regulares. Se confirmó una pequeña lesión en una mano, que arreglamos con un buen herraje y reposo. Ya recuperado, solo me dio tiempo hacer un concurso antes de ir a Atenas. Pero yo sabía que si el caballo estaba perfectamente sano, ya era suficiente. En el CDI de Berna (Suiza), gané el Gran Premio y el Especial. Y partimos hacia Atenas con tiempo suficiente para aclimatar a los caballos. Se esperaban temperaturas extremas. El vuelo fue muy agitado, y los caballos llegaron cansados. A los 4 días ya se habían recuperado.
Beauvalais estuvo muy tranquilo durante todo el concurso. Los espacios eran grandes, corría una buena brisa y el estadio era amplio.
Reconozco que tres días antes de la primera prueba ya estaba nerviosa. Aunque nadie contaba con nosotros, sabía perfectamente que teníamos grandes posibilidades de medalla, tanto en equipos como en individual. Siempre tienes más presión cuando sabes que te juegas algo.
Beau se portó como un gentleman, hizo tres pruebas magnificas, sin fallos. Para mí (y para mucha gente), fue el más regular de los caballos medallistas. Quedé 2ª en el Gran Premio, 2ª en el Especial y 3ª en la kur, lo que me valió medalla de bronce individual, y gracias tambien a las brillantes actuaciones de mis compañeros de equipo, la plata por equipos. Nos supo a gloria. ¡El segundo mejor equipo del mundo detrás de Alemania!
Simplemente impensable hace pocos años.

La difusión y el alcance de unos juegos olímpicos son incalculables. Nos convertimos en héroes, habíamos dado a España dos medallas olímpicas. La prensa nos trató muy bien y saliamos en todos lados. ¡Que orgullo!















Acabé el año corriendo en Stuttgart (uno de mis concursos favoritos, hay un ambiente extraordinario) y en las copas del mundo de Estocolmo y Londres. Gané todas las pruebas, menos la kur de Estocolmo, donde quedé 2ª.

2005, Campeonato de Europa en Hagen, en las instalaciones del Sr. Kasselmann. En principio teníamos que haber competido en Moscú, pero problemas de organización rusa provocaron un cambio de sede.
Beauvalais estaba yendo espectacular. A sus 18 años, estaba en plena forma. Yo lo notaba mejor que nunca. El día del Gran Premio, lo quise hacer tan bien, tan bien, que me salió todo al revés. Hice muchos fallos, me puse demasiado presión. Me sirvió de gran lección. Cuando te salen mal las cosas, lo importante es aprender y sacar conclusiones.
A pesar de todo conseguimos otra medalla de bronce por equipos. La compartimos con los suecos que, a igualdad de puntos totales, en realidad estaban 4ºs porque, en caso de empate, gana el equipo que tenga una mejor puntuación. Y resultó que Ignacio había sacado más que el tercer jinete de los suecos. Pero, en un gesto que nos valió después un premio al “Fairplay”, decidimos compartir con ellos el bronce. En individual acabe 7ª, a pesar de hacer un Especial brillante y una muy buena kur. Tengo claro que no me puedo permitir fallos. ¡Así es el deporte!

En el año 2006, el objetivo era el Campeonato del mundo en Aquisgran, clasificatorio para los Juegos de Pekín. Pensé que sería una buena manera de acabar la carrera deportiva de Beauvalais, que entraba en sus 19 años.
Seguía en plena forma, y en primavera corrí los CDI de Saumur y en Vierzon, donde ganamos brillantemente. ¡Incluso un entrenador alemán me vino a decir que encontraba que BEAU se veía mejor que en Atenas!
Volvimos a Villa Equus y seguí entrenando felizmente. Un mes antes del Cto. Del Mundo, Beau amaneció con un pie hinchado y cojeando ligeramente. Hicimos una ecografía y resultó tener una importante ruptura de fibras en un tendón. No nos lo podíamos creer, y sigo sin explicarme qué pasó. El caso es que se desvaneció la posibilidad de competir en Aachen. Fue un golpe muy duro. Pero los caballos son así, siempre pueden pasar cosas por mucho que los cuides, y normalmente en el momento más inoportuno.

A pesar de la gravedad de la lesión, Beau se ha recuperado perfectamente, y ahora sigue trabajando cada día. Tiene la misma energía de siempre, es inagotable. Lo monta Alvaro, y de vez en cuando me subo yo para asegurarme de que lo noto como siempre. Sigue siendo una bomba...
La relación que he desarrollado con Beauvalais es muy especial. Al ser un caballo tan sensible, es capaz de transmitir todas sus emociones en cada momento. El haber ganado tanto con él nos ha unido mucho, hemos vivido momentos extraordinarios. Yo sé que él confia en mi del todo y yo en él, y eso nos ha permitido llegar tan lejos. Siempre he intentado que trabaje conmigo, que disfrute con lo que hace, porque creo que es la única manera de que un caballo te lo de todo.

Ahora cuando lo miro, simplemente me enternece. Lo más increíble de Beauvalas es su corazón ......